Buenos días cronopio dice aquel personaje pequeño, ella lo mira con ojos extraños, por el peso del pasado no sabe si amarlo o odiarlo, lo besa, se besan, caen sus manos mas cerca de la piel ajena, y despierta del sueño. Son la una de la tarde, debería haber estado listo para encontrarse con la mujer de sus sueños, pero no, tiene ese retraso clásico en sus amaneceres, prende el computador para escuchar música y estimularse, pero no sucede, se toma su desayuno de aire y parte solo con el animo y quinientos pesos en los bolsillos, camina unos trancos y se encuentra con la micro, muestra doscientos y pregunta con cara de ingenuo: ¿me lleva por doscientos tío? Sube oh, ¿hasta donde? Hasta Francia no más. Sube no mas…
La calle se hace a sus pies, adelanta gente, saluda y lo alcanzan los que dejó atrás, se ríe y los pasa de nuevo, camina por las calles de antes y que no acepta que lo seguirán por siempre, espera unos segundos, mira al de la puerta, bueno pasa…
Hola, hola, si, bien, si.
Finalmente la ve con ese uniforme que le recuerda que el pasado esta muy cerca y que arrancar a la oscuridad no implica esconderse.
Sus piernas cansadas descansan en un lugar no muy propicio, mira abajo con cierta nostalgia y con el sentimiento de lo que pudo ser, fuma un cigarro de aquellos y decide no morir en el borde de la quebrada, es algo muy simple dice, prefiero cargar mis culpas y mis desgracias, siempre se abren nuevas puertas, y a la vuelta de la esquina siempre espera su casa, su prisión de luces familiares y de comidas cotidianas, el peso del deber lo incomoda, sabe que ese no es su espacio, es una jaula para el lobo solitario que es, a el le apetece mejor una barca o una pieza, una frazada bajo un puente, o un colchón en el cerro, pero no, sigue ahí, mirando las caretas que lo acompañan desde que nació.
¡QUIERO LA SOLEDAD!, pero su historia pesa mas, la bondad cristiana que tanto odia lo lleva a estar así, ambiguo por la vida efímera que se le escapa de las manos,
El arte brota poco, sus manos mueren en cada trabajo, el alambre parece parte de sus dedos y el papel se adhiere a sus pantalones, el café pareciese agua en su organismo que ya no despierta con el elemento indicado.
Tantas noches que pasan como sistemas preescritos y tu como un zombi que aletea con sus manos ritmos inertes que se agravan con el paso de las horas, gimes, caes, balbuceas musiquillas que tu y el grupo que las toca conocen y te quedas ahí pasmado por silentes horas mientras intentas cambiar el mundo joven soñador, entiéndelo, en este mundo se prefieren las excusas antes de los sueños, por lo que no sirves si sigues así, como alucinando marchas y pasándote el día leyendo algo que mas allá de tres o cuatro palabras no te servirá de nada, es la vida hombre, es la vida…
Lloras y no comprendes que te paso, tu mente te habla, ese superyo que te ataca con sus garras de atávicas charlas en campos de libertad neoliberal que agobia, y si, estas ahí nuevamente mirando como se evaden tus amigos con alcohol, y los sigues, te das cuenta que lo resistes bien y sigues metiendo para adentro y no quieres mirar atrás, simplemente sabes que todo lo hecho se quedo en el pasado, esos ojos negros que te hablaron, esa flauta que te acompaño por semanas imaginarias, los juegos por Pedro Montt con los besos escondidos en el cerro la cruz, atrás todo, y lo real queda sentado en algún rincón de tu irrealidad constante, todo tan lejano, excepto ella que reaparece una tarde de rojo y sus cabellos sueltos al viento, la amas, si la amo, ¿y ella?, no se no la quiero dejar escapar, en este instante es lo único que me mantiene despierto por las noches trabajando por el futuro, la amo, si la amo, y me duele decirlo por acá, porque se que ella no se da por enterada, mucho miedo en tanta belleza, color y blanco entre tantas sombras de existencia nimia, pura cercada entre impíos entes menos su madre, ella silenciosa, caritativa, comprensiva, pero calculadora, perdonando pero no olvidando, conoce mi oscuridad y yo no tengo mas que agachar la cabeza ante su mirada de progenitora envolvente, hola, que hace este pelucón aquí dice mirándola a los ojos y ella callando, acá lo encontramos allá abajo. Si, yo voy a la Santa Maria. ¿Y tú donde vas hija? Contigo a la casa. A ya…
Y me mira de reojo como diciendo qué haces acá.
Me bajo de la micro, sonrío para atrás mientras ella no se percata que unos meses después el encuentro partiría de unas cuadras mas arriba, en su propio territorio.
“La esperanza dispone de muchos terrenos baldíos”, como pesan los silencios donde no estas, y sí, yo también amo amanecer contigo clara despierta mirándome a mi lado, como diciendo, hola cenobita, ¿durmió bien? Sabes que no lo he hecho pero mirarte reconforta a quien por tu culpa ha dormido mal. Existe entonces la esperanza del retorno, puedo amarte sin tapujes y decirte mi amor como tantas veces he querido pero por vergüenza me he callado. Sitios eriazos que quedan en el camino sin llenar nada, ocupando espacio que no se puede demoler, ¿cuando abrirás los muros de tu orgullo latente para dar paso a nuestra nueva vida, compañera?, ¿Me acompañaras por este viaje en donde la vida tararea el ritmo que improvisa?, ¿Qué es lo que sientes ahora?
Los medios se abren para dar cabida a la comunicación que te atrapa en la entrada de nuestras puertas, el blanco se hace esperar en la latencia de los precipicios que se enmarcan en el fin de nuestras luchas y temores, ¿tienes miedo mujer?, dímelo, ¿tienes miedo?
La respuesta es mas que lógica en este instante en que marcas mi numero por la noche, como diciendo “existo y me acorde de ti”, que reconfortarte es darme cuenta que aun después de todas tus furias y descalabros aun piensas en este sucio ser, ¿cuantas noches pasaste tu, ser inmundo con otros cuerpos a la deriva de tu cama?, ¿y ella?, esperaba con la esperanza inconciente de reencontrarte, esperando que su sentimiento pasara, que no podría ser tonta de nuevo…
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