Del discurrir del presente
Se me antojan los soliloquios
Del hombre y su grandeza en donde
Los demonios afanados
A la muerte y a la resurrección de la
Esquizofrenia paulatina
Llaman a las fauces
Del hambre a decir
Los sonetos que callaran
A la impotencia del día aciago
Y a la dulzura de la voz que invoca
La huida de los placeres
Del alma
El sosiego ya no alzara las rutinas de los naufragios
Los ojos no llamaran al hombre
Por la satisfacción del sosiego presumido
Los últimos malabaristas
Cantaran lo que el payaso se llevó del recelo
Y en la amargura de lo no padecido
Somos horribles seres degustados en fauces
De olvido
Lo que los titanes olvidaron devorar
Que quedara entonces
Las palabras del rojo apetecido
Los villanos
Las amarguras
Los silencios
Y toda la parafernalia del día que nos vio nacer
U el último cultivo y las cepas
Y todo los que nos dijeron al nacer
No quedara más que el hambre hombre y la hembra que parirá
Al rebuzno callante de la mitología y a la alfaguara de los inmortales que
Cederán a las palabras de quienes oirán las voces fulgurantes
De quienes muertos decidieron no morir
Quedará entonces solo el silencio
Quedará entonces los soliloquios de la muerte
Y los rencores de quienes no permitieron
El nacimiento de la nueva estela
Solo el hambre
La disfonía y
El desgarro
De la última palabra
No dicha
Que te clama perenne muerte del amor engullido