20140621

Zarparan los barcos

Las siguientes
Serán los rescates
Arrebatados a la mar
Decir entonces
Todos somos hijos del naufragio
En vísperas inesperadas
De pseudo conquistadores
Que nos ofrecen la gentileza
Del sueño robado
La victoria amarga
Teñida de la sangre consagrada
De miles y miles
De autóctonos
Padres de la patria
Tierra chilensis
Arrecife inconmensurable
De razas vírgenes
Y guerreros que no antojan
Ni la fama ni el virreinato

Somos los hijos de madres viudas
Violadas y aquejadas del mal dormir
Por el temor de lo que trae el futuro
En manos de dioses plateados
Sobre caballos dorados

Me antoja el viento húmedo
El olor a lluvia que nace
De los mares que no nos quitaran
Albergaran los sueños el deseo
Libertad a cuestas
Ecuestre los pastos
En donde fornicaran
Los llamados a ser héroes hidalgos
Sin mayorazgo alguno
El hambre será el salario de los ríos
Marejadas rojas teñirán de miedo
Las antes blancas playas
Donde desnuda se besaba la arena
La hierba madre
Y el cuarzo pulido
Ancestral del camino
Que se palpita de antaño

Ya no bastaran los capitales
El silencio aciago
El látigo que calumnia
La voluntad del hombre
Que creara los blancos manteles
Del mañana
Zarparan los deudos en busca
De descendencia
Que llorara a los mismos
Que arrojados al mar
Buscaban destino
En lejanas letanías
Cuando lo que nos concierne
Jamás estuvo en la deriva
Sino en el puerto dejado
Lleno de madres llorando
En pañuelos blancos
La despedida
Del no retornado

Seremos entonces los mismos
Los mismos atemorizados
Alejados de la teta madre
Y la tierra padre
Seremos los mismos
Que se esconderán
Tras el estruendo del látigo
Que domesticara
A este nuevo ganado

Ya no seremos entonces
Los sueños que añoramos
Seremos la tragedia viviente
De la pesadilla vecindada
En el letargo de la mente
Del gris pensante
Y de la pasión malograda

Los sueños volverán
De cuando en vez
Diciéndonos el destino dejado
Las naves zarparan
Al desierto del hambre
Donde el hombre
Será castrado por omisión
Y el cancerbero adulado
Por los mismos castigados
Que profetizaran la alegría
Que jamás lograron

Ya no seremos los elocuentes
Ni los silentes avecindados

Los telares del hambre
Tañaran luces apagadas de nuestros mantos
Las madres callaran por el golpe dado
Y los padres castigaran
A la hermandad del glorificado
En cuanto la bondad de lo onírico
Choque con la realidad profetizada

Los dioses nos olvidaron
Y clamaremos sus palabras
Y su estancia en nuestras casas
Jamás seremos dignos
De su alegría
Y su muerte solo señalara
Con el dedo emancipado
A las cadenas que nos quedan

Y al hombre esclavizado